Probabilidad

Ley de los Grandes Números: Por Qué 100 Lanzamientos No Dan 50 a 50

Portada del artículo sobre la ley de los grandes números aplicada al cara o cruz

Coge la promesa más famosa de la moneda —«50 % para cada lado»— y haz la prueba: cien lanzamientos. El marcador final casi con toda seguridad no será 50 a 50. ¿Ha salido 54 a 46? ¿57 a 43? Ningún escándalo: la probabilidad nunca prometió un empate. Lo que promete de verdad es más sutil y más bonito, y responde al nombre de ley de los grandes números.

Qué dice realmente la ley

Formulada por Jacob Bernoulli en el siglo XVII (él la llamó «teorema de oro»), la ley afirma que, a medida que crece el número de intentos, la frecuencia relativa —el porcentaje de caras— se acerca cada vez más al 50 % teórico. Fíjate en lo que no dice: nada sobre que el marcador absoluto empate, nada sobre lanzamientos individuales y nada sobre plazos. Es una promesa sobre proporciones, a largo plazo, y solo eso.

La paradoja que despista a todo el mundo

Aquí vive la parte contraintuitiva: mientras el porcentaje converge hacia el 50 %, la diferencia absoluta entre caras y cruces tiende a crecer. En cien lanzamientos, una diferencia de 8 (54 × 46) es habitual; en diez mil, diferencias de 80 o 100 son perfectamente normales, y aun así el porcentaje se habrá afinado de un 54 % a algo como un 50,5 %. La proporción se ordena no porque el azar «corrija» el pasado, sino porque el pasado se vuelve minúsculo frente al océano de lanzamientos nuevos. La diferencia antigua no se borra: se diluye.

Consecuencia directa: si la ley funciona por dilución y no por corrección, entonces ninguna cara queda «a deber» apariciones. Es el clavo definitivo en el ataúd de la falacia del jugador.

Ve la ley trabajar con tus propios ojos

El experimento clásico cabe en una tarde. Abre el modo estadística y anota el porcentaje de caras en cada hito: con 10 lanzamientos, el gráfico mental es una montaña rusa (¿30 %? ¿70 %? todo es normal); con 50, las oscilaciones encogen; con 200, la línea ronda el 50 % con desviaciones cada vez más tímidas. A los historiadores de las matemáticas les encantan los obstinados que lo hicieron a mano: el matemático Karl Pearson lanzó una moneda 24.000 veces (50,05 % de caras) y el estadístico John Kerrich, internado durante la Segunda Guerra Mundial, ocupó el cautiverio con 10.000 lanzamientos (50,67 %). La moneda virtual ofrece el mismo espectáculo sin dejarte el pulgar dolorido.

Dónde sostiene la ley el mundo real

Las aseguradoras no saben quién tendrá un accidente, pero saben con precisión asombrosa cuántos lo tendrán, porque operan con millones de pólizas, el terreno donde impera la ley. Los casinos ganan dinero con márgenes minúsculos por la misma razón: en el volumen, la proporción teórica siempre pasa factura. Y las encuestas electorales fallan estrepitosamente justo cuando la muestra es pequeña, el reino donde la ley aún no manda. Las muestras pequeñas son salvajes: ahí viven las rachas disparatadas que tanto nos sorprenden.

La moraleja de la moneda

La ley de los grandes números es un pacto honesto: el azar se compromete con el destino final de la proporción, pero exige libertad total en cada paso del camino. Cien lanzamientos son solo el principio de la conversación, y precisamente por eso desconfiar de una sesión «desequilibrada» es precipitación, no prudencia. ¿Quieres intimar con el teorema de oro? Está de guardia todos los días en la moneda dorada.

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