Historia

Decisiones Famosas Resueltas a Cara o Cruz

Portada del artículo sobre decisiones históricas resueltas con un lanzamiento de moneda

Un lanzamiento de moneda dura dos segundos, pero algunos de esos segundos cambiaron mapas, récords y destinos. Se han bautizado ciudades, se ha decidido el orden de vuelos históricos y uno de los mejores caballos de carreras de todos los tiempos cambió de dueño en el aire. Cinco historias reales en las que el cara o cruz escribió la Historia con hache mayúscula.

Portland estuvo a punto de llamarse Boston

Oregón, 1845: los socios Asa Lovejoy y Francis Pettygrove fundaron una ciudad nueva y se atascaron con el nombre, porque cada uno quería homenajear a su tierra natal: Boston (Massachusetts) para Lovejoy, Portland (Maine) para Pettygrove. La solución fue una serie al mejor de tres con un centavo de cobre: Pettygrove ganó dos rondas y nació Portland, Oregón. La moneda de aquella decisión —apodada Portland Penny— se conserva hoy expuesta en la sociedad histórica del estado. Todo un hito también para nosotros, defensores del formato: hasta para bautizar ciudades, mejor de 3.

Quién vuela primero: los hermanos Wright

Kitty Hawk, diciembre de 1903. Con el Flyer listo, quedaba decidir cuál de los dos hermanos intentaría primero el primer vuelo motorizado de la historia, y la respuesta llegó de una moneda. Wilbur ganó el sorteo, lo intentó el día 14… y encabritó demasiado el aparato, dañándolo ligeramente. Tras las reparaciones, el turno pasó a Orville, que el 17 de diciembre firmó los doce segundos más famosos de la aviación. La moneda le dio a Wilbur la primera oportunidad; la historia le dio a Orville la primera foto.

Patrón curioso: fíjate en que las grandes decisiones a cara o cruz siempre se dan entre opciones equivalentes y defendibles: dos nombres dignos, dos hermanos igual de capaces. Es exactamente el escenario en el que la moneda funciona mejor, como comentamos en cuándo la moneda ayuda de verdad.

El potro que valía un imperio: Secretariat

1969: la criadora Penny Chenery y el millonario Ogden Phipps tenían un acuerdo de monta con un semental legendario y decidieron el reparto de los potros con un único lanzamiento de moneda. Phipps ganó y eligió primero. Chenery se quedó con el que «sobró»: el potro que, bautizado Secretariat, ganaría la Triple Corona de 1973 con récords de pista que siguen en pie más de medio siglo después. Es el caso raro en el que perder el cara o cruz fue el mayor golpe de suerte del siglo.

Una plaza de la Eurocopa en el aire

Semifinal de la Eurocopa de 1968, Italia contra la Unión Soviética, cero a cero tras la prórroga… y sin penaltis todavía inventados. La plaza en la final se decidió en el vestuario, a cara o cruz: salió Italia, que días después levantaría el trofeo. El episodio, contado en detalle en nuestro artículo sobre la moneda en el fútbol, aceleró la adopción de las tandas de penaltis: la moneda decidía demasiado rápido incluso para el gusto del fútbol.

El empate imposible del pueblo pequeño

¿Y en España? La ley electoral prevé el sorteo como criterio de desempate cuando dos candidaturas obtienen exactamente los mismos votos, y prácticamente cada convocatoria municipal deja algún pueblo donde la alcaldía se decide sacando una papeleta o lanzando una moneda ante fedatario público. La escena se repite siempre igual: risa nerviosa, silencio absoluto durante el giro y aceptación inmediata del veredicto. Ese es el superpoder que atraviesa todas estas historias: nadie discute con la moneda. No tiene bando, no tiene intereses y no admite recurso. Dos mil años después de la antigua Roma, sigue siendo el árbitro más barato y más respetado que ha inventado la humanidad, y sigue de guardia a un toque de aquí.

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